Sería el bullying lo que me llevó a obsesionarme con la piel, y a querer ayudar a tantas personas que tienen mermada su autoestima por el mismo motivo.
Es impresionante el impacto tan grande que tienen las palabras (de otros) y cómo nos afectan, sobre todo en la adolescencia.
Me sigue repulsando el ánimo de ofender y menospreciar a otros. Pero hace 20 años menos gracia me hacía tener que pensar todas las noches si me tocaba aplicar limón, o pasta dentífrica en la frente para solucionar mis problemas de acné y frenar así las mofas de mis compañeros.
La cosa iba a más cada día, y mi rostro tímido, cubierto por un enorme flequillo, era el blanco perfecto a la hora del recreo.
¿Te suena la marca Clerasil?
A mis 13 años también fue mi apodo.
La desesperación de verte sola te lleva a pensar en cosas que no habrían tenido remedio.
Después empecé a buscar soluciones.
997 cremas, 1 medicamento, una curandera, y una higiene facial.
—Pero, ¡párate ahí Helena! ¿cuál es tu verdadero problema? ¿el bullying? ¿el acné?—
Momento crucial en el que entendí que un problema no tiene el mismo nombre si tiene solución, y si no la tiene, no hay remedio.
Pero yo sabía que lo encontraría, que acabaría sabiendo cómo y dónde. Porque si pensaba en el cuándo, ya me saltaban las lágrimas.
Mi primer salón de estética
Me encantó entrar al primer salón de estética. No podéis imaginar la fe que tenía puesta en esas profesionales.
Después de aquello mis granos de la cara empezaron a parecerse más a los puntos rojos que salen en Google Maps. 😂
Pero como os he dicho, tenía mucha fe. Si no lo solucionaban allí sería una granuda forever. Pero fue más de lo mismo. La esperanza volaba.
El acné quístico e inflamatorio a temprana edad y las cicatrices que puede llegar a dejar en el rostro, puede marcar la confianza de las personas de por vida.
Así que ahora, voy a la consulta del psicólogo. ¡Ni tan mal!
De apodo a vocación
Aquel apodo que llegó a causar tanto sufrimiento, se transformó en una meta que se hizo realidad 17 años después.
Las sesiones del psicólogo se fueron espaciando con mucho trabajo por mi parte, y cada vez sentía mi meta más cerca.
¿Sabes cuando te compras un coche, y el día siguiente lo ves en todos los lados?
Eso me pasaba, se llama FOCO. Y es lo que hizo que quisiera dedicarme al cuidado personal de la piel.
Desde la distancia, pienso, he tenido el «placer» de vivir esta historia, la mía, porque si no hoy no estaría aquí, haciendo lo que hago. Entre formaciones a profesionales y mi clínica médico-estética. Ayudando a las personas a mejorar el aspecto de su piel para que se sientan mejor.
Hoy mi espejo no refleja una cara, sino a una persona. Igual que el tuyo.
Cuando cambias la forma de ver tu mundo, tu mundo cambia.
Y hasta aquí, una parte de mí que supo convertir una debilidad en una fortaleza para decidir aquello que quería ser de mayor. ❤️
Y voy a por todas.