Creo que me fascina conocer más y más sobre la piel. Es mi oficio, sí, pero mi interés es también fruto de experiencias personales que me han permitido conocer a fondo algunos de los problemas con los que las personas llegan a nuestra clínica y, sobre todo, empatizar con ellas.
Esta vez hablemos de psoriasis y de cómo afrontar la enfermedad… No se engañen: no se puede hablar de una cura para la psoriasis, pero sí de distintos tipos de tratamiento que pueden ayudar a mejorar el daño que provoca en la piel.
La ciencia avanza más cada día y he tenido la suerte de probar, gracias a mi equipo, distintos protocolos que han mejorado tanto mi sistema inmune como el aspecto de la piel. Este proceso me ha permitido hacer mi propia historia clínica pensando siempre en usar este conocimiento en ayudar a otras personas.
Seguro que tenemos diferentes puntos de vista, pero si hay algo que me haga feliz es compartir contigo todo lo que sé sobre la piel.
Les adelanto también que no hay garantía absoluta de éxito. No se puede tratar ningún caso por igual. Si la primera visita es fundamental, por lo que aporta el diagnóstico y el diálogo con el paciente, muchas veces aturdido por la aparición violenta de los primeros síntomas.
Sin embargo, el seguimiento posterior de su estado y de cómo somos capaces de mejorar la piel durante el tratamiento resulta más importante aún.
Una enfermedad de impacto
La psoriasis decidió brotar en mí a los 18 años y lo hizo de una forma muy extendida en todo el cuerpo, alterando mi sistema inmune y, por si fuera poco, mi salud mental.
Aún recuerdo el día en que, sentada en una escalera, me enfrenté a un diagnóstico que no quería reconocer ni asimilar. Creía que se acababa el mundo cuando presa de un ataque de pánico pensé que me iba a quedar así, manchada y «sucia» por el resto de mi vida.
Pedí varias opiniones, y en la desesperación dejé que probaran en aquellos tiempos varios tratamientos que en mi caso fueron en vano. A los 19 años, mi cuerpo entero era una placa.
Cuando el brote llegó a su clímax tenía que tener cuidado al bajarme de la cama para que no se rompiera la piel y se desencadenara un sangrado.
A pesar de la vergüenza que me hacían sentir las miradas insistentes, decidí frecuentar la playa gracias a un artículo que leí en ese momento en internet, donde aseguraban que el tratamiento más antiguo para la piel era la exposición al sol, a la sal y algunos minerales presentes en la arena.
Poco a poco empezó a mejorar el estado mi piel, y también mi estado de ánimo. Conforme veía que mejoraba mi piel, cada día tenía más ganas de hacer investigaciones sobre una enfermedad que desde hace 25 siglos al menos (Hipócrates ya la describió) ha preocupado a la ciencia y, como no, a quienes la sufrimos.
Si tienes o has tenido psoriasis seguro que ya has buscado información en Google para informarte de lo que te está pasando. Serías la única persona en no hacerlo y es que, cuando lo pasamos mal, parece que necesitemos una opinión de Google, una herramienta útil, a veces, aunque también peligrosa en la medida que es capaz de transformar una mentira en «verdad publicada», ofreciendo terapias de dudosa efectividad, cuando no perjudiciales, y que en ningún caso puede sustituir la visita al especialista.
Hola de nuevo, psoriasis
Con los años he tenido brotes, pero ni por asomo como el de este año. La psoriasis que nunca se fue del todo volvió y ¡de qué manera! Aún recuerdo esos días, en los que tenía la sensación de que a través de mi piel pugnaban por salir miles de alfileres o el picor insoportable que me llevaba al desespero.
A pesar de recordar vívidamente lo ocurrido en mi juventud, en enero no tenía oportunidad de tomar baños de sol en la playa y cada día iba a peor. Ya no solo mi piel, también mi estado emocional estaba sometido cada día a altibajos en un laberinto del que aparentemente no había manera de encontrar salida.
Si has leído sobre la influencia del estado emocional en el desarrollo de la psoriasis créelo. Los cambios en la vida, a pesar de ser para mejor, crean un estrés incontrolable que a veces puede también llegar a desencadenar una tristeza profunda, con un impacto significativo en la calidad de vida y capaces de generar cambios en nuestro organismo.
En ese contexto se presentó febrero, sin playa, pero con grandes amigos que tuvieron una idea más GRANDE aún: hacer una escapada a la fuente de los Morenos, en Requena. Dicho y hecho. Allí estábamos al siguiente fin de semana, no sin antes leer este texto sobre el manantial publicado en la página web del ayuntamiento, basado en el que Joaquín Fernández López, médico e hidrogeólogo, escribió en 1851.
De los Morenos destaca que la composición a base de bicarbonato de calcio y magnesio, sulfatos, alúmina y sulfato de hierro de sus aguas la hacen «purgante y diurética, recomendada para combatir indigestiones, infecciones de orina y cálculos renales, sin olvidar sus extraordinarias propiedades para curar úlceras venéreas y escorbúticas, así como para favorecer la cicatrización de heridas y quemaduras en estado de supuración».
Era sábado y recuerdo a mis amigos con chaquetas, soportando el frío y un aire helado cuando lo que apetecía era estar al lado de una chimenea y no expuestos a una temperatura que fuera del agua no superaba los 4 grados.
La visita comenzó con una anécdota que cuesta olvidar y que nos hace reír al recordarla, sobre todo a mí: un amigo se quiso adelantar y después de que el pie le jugara una mala pasada no tardó ni tres segundos desde nuestra llegada en probar el agua de la fuente ¿Verdad Pepe? Que conste que nuestra primera reacción no fue la risa, sino ofrecerle esa primera ayuda que, afortunadamente, no fue necesaria. Todo quedó en unos aparatosos rasguños de los que solo queda el recuerdo.
Tras bañarme con el ritual que exige el manantial de los Morenos en medio de un intenso frío, cogimos también 20 litros de agua repartidos en garrafas y con piedras en el fondo para que el agua no perdiera propiedades y así poder seguir haciéndome baños caseros.
Pasadas dos semanas mi piel comenzó a mejorar, fueron 15 días en los que aproveché también otro buen consejo de mi amiga Marina, cuyos antepasados recomendaban para estos casos beber infusiones de la hierba llamada «rabo de gato». Se acercaba además el buen tiempo y las 5 duchas al día me venían fenomenal. Por unos días me sentí como un pato en el agua, pero mereció la pena.
Supongo que contando así las cosas creeréis que no le ha pasado tan mal. Nada más lejos de la realidad. Visto ahora con perspectiva, los últimos meses han sido devastadores. Solo con la ayuda de las personas que he tenido a mi lado he podido desarrollar en mí una capacidad de resiliencia que permanecía escondida y que nunca pensé poseer.
Gracias por todo y a todos y gracias también a mi compañera Blanca Cevallos que ha tenido una implicación profesional y a la vez humana y resolutiva al tiempo que cariñosa en la resolución de este nuevo brote de psoriasis. Juntas decidimos, desde la precaución, probar un nuevo tratamiento de Oxigenoterapia tanto por vía venosa como directamente en las placas.
La ozonoterapia es una terapia complementaria que nunca substituye a un tratamiento médico y que debe ser valorado previamente por un dermatólogo. En mi caso, no quería tomar medicamentos que pudieran bajar las defensas y afectar negativamente o interactuar con otros problemas de salud que nada tenían que ver con la psoriasis. Fui yo, en este contexto, quien decidió apostar por un tratamiento alternativo biológico.
También recuerdo la llamada de mi madre con una alegría poco común en su voz en la que me decía que había encontrado el remedio, recuperando una de las cremas que me aplicaba después de curarme dos o tres veces al día cuando tuve el primer brote.
Mi historia clínica no se escribe, se describe por momentos llenos de ansiedad, angustia, confusión, lágrimas, inquietud, desesperación, pero también de fortaleza y gratitud por la ayuda que he recibido de todos los que han estado a mi lado.
Este artículo está pensado en poder aportar una experiencia personal, con la esperanza de que pueda ayudarte. Te invito a leer las aportaciones de otros profesionales como Ciprian Sas y Fernando Meri que pueden llegar a sorprenderte. Espero que disfrutes igual que yo.
¿Sabías que…?
Ya en los años 460-377 a. de C., Hipócrates y su escuela proporcionaron una descripción objetiva y meticulosa de muchas afecciones de la piel y en su clasificación agruparon las erupciones descamativas y secas como las provocadas por la psoriasis o la temida lepra.
La psoriasis es una enfermedad cutánea caracterizada por un curso crónico manifestado en brotes con hallazgos clínicos variables. Generalmente se manifiesta con una inflamación dérmica y secundariamente con hiperplasia epidérmica. Esta enfermedad autoinmune es la más prevalente entre las afecciones de la piel y una de las que se detectan con mucha facilidad debido a la notoriedad de sus síntomas.
Tipos de psoriasis más comunes
Psoriasis discoide: la más común, llamada también psoriasis en placas. Está presente en manchas rojas y elevadas que se manifiestan como placas en el tronco, brazos, piernas y rodillas, codos, genitales y también el cuero cabelludo.
Psoriasis en gotas: Afecta principalmente en la infancia. Entre sus principales síntomas se incluyen la aparición de gotas pequeñas de piel enrojecidas y elevadas. El desencadenamiento de este tipo de psoriasis suele venir precedido por dolor de garganta.
Psoriasis pustulosa: Caracterizada por la formación de ampollas con pus en todo el cuerpo o concentrada en las palmas de las manos, plantas de los pies y zonas reducidas.
A pesar de que no existe la cura universal contra la psoriasis sí conocemos tratamientos que ayudan a controlar su expansión.
Tratamientos disponibles
The corticoides tópicos contienen alguno de los principios activos más útiles en los tratamientos de la psoriasis ya que tienen una actividad antiinflamatoria, inmunomoduladora y vasoconstrictora.
En general, siempre se recomienda emplear el esteroide más débil por su posible impacto en la piel. En la cara, en cambio, solo se recomienda la hidrocortisona, ya que los esteroides halogenados son muy potentes y solo deben ser utilizados de forma ocasional.
Existen también varios tipos de tratamiento con fototerapia que puede tener efectos muy beneficiosos para las personas que padecen esta enfermedad:
- Fototerapia con UVB
- La PUVA terapia, basada en la administración de psoralenos y ultravioleta A
- El método Goeckerman, que combina la aplicación de alquitranes con luz ultravioleta B